CON UN GPS DE RETORNO EN EL CORAZÓN
Llegaba el verano y como siempre nos decían, venía tía Filo y como ya estábamos acostumbrados, te veíamos con tu hábito negro, tu maleta y con bolsas llenas de regalos, esos regalos que seguramente aún alguno recodamos.
Y aquella mujer que eras, muchas veces desconocida por venir de tan lejos para nosotros unos niños, te ibas haciendo tu hueco en nuestro ritmo de vida de cada día, y así, nosotros crecíamos y tú te hacías más de nosotros hasta llegar a ser “tía Filo” que cada año y siempre que podía, con más hermanas, se acercaba a visitarnos. Desde entonces no concebíamos verano sin ti...
Y la vida ha ido pasando, contemplándote siempre con aquella vitalidad y llena de fuerza... y sin embargo, qué frágil es ante la enfermedad, qué débil es la naturaleza humana. Tu salud se fue debilitando, y aquella mujer de vitalidad fuerte, de energía y siempre emprendedora, se fue debilitando sorprendiéndonos a todos. Nunca te podíamos imaginar si no era sentada al volante, de un lugar para otro, tu vida era movimiento...
Los arreglos domésticos, el servicio a la comunidad desde tus posibilidades, tu presencia... fueron tu aporte a la comunidad... pero sobre todo tu destreza al volante te sirvió para encontrar el modo de ayudar y ejercitar la virtud del servicio. Siempre disponible.
Tú no eres de las que pueden presumir de títulos académicos, pero sí, y lo puedes hacer con mucho orgullo de disponibilidad ... tu misma vida ha sido el título del cual puedes presumir... y así puedes decir ante el Señor de
Una de estas lecciones que aprendí de ti fue aquella que he intentado vivir aunque cueste: “no se puede vivir de rentas”. Y qué razón tenías... Cada día hay que dar el máximo, cada día tenemos que estar trabajando para afrontar otro más...
Sí, tú fuiste una mujer de familia, y nunca lo quisiste perder... Quisiste a tus familias y supiste dar lo máximo de ti.
Y sin duda Filo, fuiste una mujer de fe, sí, de fe sencilla, esa fe que es capaz de descubrir que cada instante y cada acto puede ser un acto amor a Dios y a los hermanos. Fuiste creyente, pero tengo que confirmar, y me enorgullece, fuiste Agustina, cosa que siempre amaste y quisiste.
Y la vida es así, ahora nos has reunido otra vez a tus familias y esta vez para decirnos que te vas a realizar un viaje, el último de tu vida, aunque este lo haces tú sola, pero no nos dices adiós. Esta vez no llevas tú el volante porque Dios tiene instalado en nuestros corazones un GPS especial que nos orienta y nos hace volver a la casa del Padre. “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” dirá nuestro Padre san Agustín... y qué razón tenía.
Nos consuela siempre la esperanza de la resurrección prometida. Jesús, nuestro hermano nos ha mostrado con su vida que aunque sea el último viaje, no es un viaje sin destino, sin horizonte... es viaje a la vida para siempre, donde otra vez más nos volveremos a reunir entorno a la luz que nunca se apaga. Cristo es
“¡Qué buenas son conmigo!” llegaste a decir... Sí, quizá uno no sabe decir lo que siente a todos, pero quiero agradecer a tu Familia de Agustinas, las que han sido también siempre nuestra Familia, que muchas gracias por las atenciones, muchas gracias por los cuidados y la paciencia... Sabemos que las familias estamos para ello.
Filo, te has ido cuando celebrábamos el nacimiento de san Agustín, y es que tú también has querido nacer de nuevo a una nueva vida, que el abrazo de Dios sea tu consuelo y tu descanso, que allí le pidas a tu Dios y nuestro Dios que es misericordia que nos cuide a cada uno... y que nunca te olvidaremos porque te hemos amado y sigues ocupando un rincón muy importante en nuestro corazón.
Y ahora vas a descansar junto a ese árbol en el que ya descansa la que tú decías
ser tu prima, la hermana Carmen... seguro que ese árbol, junto a vuestros cuerpos y el resto de las hermanas, tendrá cada primavera más vida y al contemplarlo, junto a vosotras, nos recordará que seguís vivas para siempre.
Que María, Madre del Buen Consejo nos ayude a todos en estos momentos y nos conforte en el dolor, y a ti, ahora ya junto a ella, te abrace, te acune y te susurre al oído del corazón que te quiere y que ahora ya puedes descansar.









www-lacoctelera-com-inaki dijo
Lo siento mucho, amigo. Creo que todos estamos faltos de muchas tías Filo...Un fuerte abrazo.
15 Noviembre 2008 | 02:49 PM