ALELUYA... ¡JESÚS RESUCITÓ!
Parecía que los primeros rayos del luz comenzaban a nacer en medio de la oscura noche…
La madre, María, ya estaba preparada desde hace tiempo... no sé si esta segunda noche habrá dormido, Meblas también, con Fenicia y Giverny...
Las cuatro salieron temprano... muy temprano. Llevaban lo necesario para lavar el cuerpo muerto de Jesús... los perfumes, un nuevo sudario blanco..., iban tristes por el camino que llevaba a las afueras de la ciudad, hacia el sepulcro.
Meblas y María, las dos amigas inseparables de siempre, iban las últimas, más despacio... Fenicia y Giverny iban más ligeras, conocían mejor el camino a estas horas en penumbras... Cristina y Signora no quisieron dejarlas solas en este trabajo y se unieron a ellas...
Yo me quedé en casa. No sé cómo, Pedro y algunos más supieron que Fenicia nos había acogido en su humilde casa, y escondidos entre la penumbra de la noche y entre las calles estrechas de Jerusalén se acercaron para acordar cómo iba a ser nuestro regreso a Galilea al terminar las mujeres el trabajo en la tumba...
Ya lo habíamos acordado... Nada más llegar las mujeres, tomaríamos a María con Meblas, y se unirían a nosotros Cristina y Signora... Nuestros amigos Iñak y Kaixo nos ayudarían a salir de la ciudad sin ser vistos por la gente ni por los sacerdotes del Templo... ¡Volvíamos por fin a Nazaret, a nuestra tierra, a nuestro trabajo, a nuestra vida de siempre!
Pedro se sentía avergonzado por todo lo sucedido los días anteriores. Había estado escondido en una casa de unos amigos... Mi hermano Santi se escondió en la casa del dueño del gran salón donde tuvimos la cena de Pascua... Pero lo importante es que estábamos casi todos juntos... los demás estaban bien.... Solo faltaba uno, Judas Iscariote... Otra noticia triste... lo han encontrado colgado de un árbol, ahorcado... no sabemos muy bien los detalles...
Sentados en torno a la mesa, Pedro comía algo, tenía hambre...
Pero no pasó mucho tiempo cuando vimos regresar a María agarrada a Meblas, y las demás mujeres.... Nos hablaron y hablaron... se quitaban ellas mismas la palabra... María guardaba silencio y parecía que su rostro se había transformado... No tenía rastros de dolor ni de sueño, ni de haber sufrido... Su semblante era radiante... Yo no entendía nada de lo que me decían...
Nos hablaron de hombres vestidos de blanco, de flores, muchas flores que habían salido alrededor del sepulcro; flores como la que tenía María entre sus manos y que aquel niño, a quien en la escuela llamaban “el Gallo”, le había traído el día anterior. Nos hablaron de sepultura abierta y quizá profanada... Nos hablamos deprisa sin entender todo muy bien...
Estábamos todos nerviosos... Pedro ya se disponía a coger un cuchillo de la cocina de Fenicia y un palo para salir de casa... Todos comenzamos a temblar... ¿qué nos ocurrirá?
Salimos corriendo evitando que nos descubrieran por el camino... Yo corría y corría.... No miraba atrás... Pedro creo que me seguía, pero no llevaba cuchillo ni palos, María se los había quitado de sus manos...
Mi corazón latía a mil... parecía que me iba a reventar el pecho... El corazón se agitaba con más rapidez... Iba con miedo, mucho miedo... y... ¿qué diremos a los soldados que custodian el sepulcro? No nos han contado nada estas mujeres...
Corría e iba pensando en lo que me podía encontrar... En el fondo seguía teniendo miedo, pero como los jóvenes, quise mostrarme valiente delante de todos, pero no lo había pensado demasiado...
Llegué al lugar de la tumba... ¡la losa que hacía de puerta estaba quitada! Me asomé con miedo... pero no tuve valor para entrar... esperé a Pedro... él quizá fuese más valiente... Cuando llegó, acompañado por el Fénix y los hermanos, entramos... ¿Habían robado el cuerpo?... Salimos del sepulcro y allí estaba el niño al que en la escuela llamaban “el Gallo” y rodeado por muchas flores blancas nos dijo... “¡He visto a Jesús... ha resucitado!”...
Volvimos a casa... allí estaban todos. María en medio del grupo... junto a ella una figura resplandeciente, con unos vestidos blancos... y mirándonos a los ojos... María lloraba, pero no de tristeza, ahora era de gozo, de alegría... volvía a tocar a su Hijo Jesús...
Yo me quedé con la boca abierta... No me esperaba esto...Pedro cayó de rodillas y dijo “Dios mío y Señor mío”. Los que acabábamos de llegar nos abrazamos... y Jesús, extendiendo sus brazos nos envolvió a todos... y dijo “pongámonos a comer”.
Sentados a la mesa, tomó el pan, lo partió y nos lo pasó diciendo “Esto es mi Cuerpo”... tomando un baso de vino repitió lo de aquella noche... “Esta es mi Sangre”... “Haced esto en memoria mía”... “Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”...
La alegría nos embargó a todos... La tristeza se convirtió en alegría...
Y ahora, amigos, ahora que me encuentro despojado de mis cosas, en este sitio apartado y después de mucho tiempo... cuando volvimos a nuestra tierra... María, nuestra amiga Meblas y yo nos fuimos a vivir a Éfeso... en Nazaret no vivíamos con tranquilidad. Allí María también nos dejó... Con alegría dijo que se iba con su hijo Jesús. Dio las gracias a todos y con una sonrisa en sus labios se despidió de nosotros.
Muchos de aquellos amigos me han visitado y de ellos guardo felices momentos... juntos vivimos los últimos momentos de la vida del Maestro.
Ahora, ya anciano quiero deciros que mi vida cambió totalmente al conocer a Jesús, el Maestro... Que el miedo se convirtió en valentía cuando Él mismo nos envío su Fuerza Vital, su Espíritu... Que los años me han ido enseñando que Jesús nunca nos abandona y que a pesar del miedo y de las dificultades siempre está con nosotros... Que las dudas se borran cuando le dejamos a Él actuar en nuestra vida... Que Él es el Señor que da sentido a todo lo que hacemos...
Sí, es verdad... ni tú, ni nadie me hubiera conocido si no hubiese sido por Él... Que le amo con todo mi corazón, con todas mis fuerzas y con todo mi ser... Que Él desde entones ha sido la experiencia más importante y fundamental de mi vida... Y que, aunque seguro que puedes conocer más cosas si te acercas a mi obra escrita, el Evangelio de Juan o el Libro de los Hechos... ten por seguro que lo llegarás a conocer con profundidad si te miras a ti mismo, a tu corazón y entonces allí dentro lo encontrarás y Él mismo te dirá lo que te ama y su amor es tan grande como hasta dar la vida por ti...
Y te lo digo yo, ese discípulo miedoso que supo rompió con los esquemas de los de “arriba” y se dejó amar por Él, por eso he pasado a ser conocido como el “Discípulo amado de Jesús”.
Amigo, vive, alégrate, goza... ¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡CRISTO VIVE! y nos pide a todos que sigamos sembrando la vida, la vida de los hijos de Dios.
Todos aquellos que en los últimos días convivieron con nosotros en Jerusalén: Meblas, Giverny , Cristina y Signora, Iñak, el niño que por fin se cambió su propio nombre por el de “El Gallo”, Fénix, Kaixo, Arthurcharlan, hermanos Eguzquilore, Rapme, Magaterrenal, Ultreia, Kpruza y Maga.... Todos se dispersaron por el mundo y llevaban el mismo encargo que recibimos los apóstoles: Anunciar que CRISTO VIVE, HA RESUCITADO....
¡ALELUYA!
(Pido perdón si en algún comentario he podido ofender a alguien... que sepa que mi intención ha sido anunciar lo más importante de mi vida, que Cristo sigue presente en medio de nosotros y que me he servido de esta historia, acompañado por esos que casi todos los días nos vemos por este blog. Muchas gracias a todos y que esta Semana Santa Cibernética nos haya servido para encontrarnos con nosotros mismos y con Cristo que VIVE... Besos, abrazos, achuchones, mimos, caricias... y hasta pronto...... Vuestro amigo: Tarecus)
Señor Jesús, haznos una comunidad abierta, confiada y pacífica,
invadida por el gozo de tu Espíritu Santo.
Una comunidad entusiasta, que sepa cantar la vida,
vibrar ante la belleza, estremecerse ante el misterio
y anunciar el Reino del amor.
Porque sabemos, Jesús resucitado,
que Tú has vencido el dolor y la muerte,
y contamos -en nuestra debilidad con
la fuerza creadora y renovadora de tu Espíritu Santo.
Haznos expertos en deshacer nudos y romper cadenas,
abrir surcos, curar heridas y mantener viva la esperanza.
Y concédenos ser, humildemente,
testigos y profetas de la verdadera alegría.













fenicia dijo
Encontrarnos con nosotros mismos,con CRISTO VIVO...Y como no,con los demás.Ha sido muy hermoso,mucho.
Gracias de nuevo de parte de Mª Carmen( Fenicia)por haberme incluido en el reparto de la historia mas grande,contada por ti y permitido que El Señor se dignara a mirarme.No olvidaré esta Semana Santa 2.008.
Muy buenas noches,ya de luz.
kisses
23 Marzo 2008 | 01:24 AM