La Coctelera

"De corazón a corazón"
Tarecus

Me dijo Maga que María no había pegado ojo durante la noche del viernes... El sábado, algunos nos levantamos tarde... Yo seguí recostado en el rincón de la casa de Fenicia, vi al Fénix que seguía dormido, uno de los hermanos también seguía con sus ojos cerrados, Arthurcharlan ya no estaba...

Las mujeres todas ya estaban ajetreando por la casa... María estaba sola en una habitación; con la puerta entreabierta, me asomé a ver a “mi madre”, como me dijo Jesús y la encontré sentada en el suelo... movía sus labios, sus ojos rojos de tanto llorar estaban cerrados... creo que estaba rezando... Desde ahora tendría que aprender tantas cosas de "mi madre"... ¿quién la habría enseñado a rezar?... ¿Jesús?... a nosotros nos enseñó el Maestro. Lo recuerdo, era una tarde con un sol radiante... Él estaba apartado orando, lo solía hacer con mucha frecuencia, y uno de los que antes había sido discípulo de Juan, el Bautista, le pidió que nos enseñara a rezar... “Cuando recéis decid... Padre Nuestro...” Una oración que, cuando la rezábamos juntos nos calaba el corazón... ¿La sabrá María? O quizá ella no necesita aprender esta oración... ¿se la habrá enseñado ella a su hijo?... Ya sabéis, detrás de un gran hombre, hay una grandísima mujer...

Todos nos preparamos y como era costumbre nos fuimos juntando a la puerta de la casa... Meblas se quedaría en casa con Giverny, hoy estaba más animada... ver la valentía de María la empujó a descubrir que hay males mayores...

Se acercó Kaixo y nos informó que no había problemas, que la cosa estaba tranquila, aún a pesar de todo, convenía que María no saliera de casa ni tampoco las mujeres...

Algunos de los amigos y conocidos de ayer se acercaron a preguntar por María. También vino el de Cirene con su hijo, al que en la escuela llamaban "el Gallo", traía a la madre una pequeña flor blanca arrancada cerca donde sepultamos ayer a Jesús. Los hombres, todos juntos, nos fuimos al Templo... Teníamos que aparentar que estábamos dentro de la ley y teníamos que cumplir con el sábado... Yo temía mucho que me arrestaran y me hicieran lo mismo. No me sentía con las mismas fuerzas que tenía Jesús... él era un auténtico, un crack en lo de luchar por grandes cosas e ideales... Yo no le llegaba ni a la suela de la sandalia.

Sí ¿porqué ocultarlo? Era, como muchas veces, un auténtico cobarde, como lo fueron los demás que huyeron y dejaron solo a Jesús. Yo, por miedo tragaba con piedras de molino, y Pedro, igual, parecía que se iba a comer el mundo, pero ante la dificultad solo se le ocurrió sacar una espada y después huir y para terminar negando su amistad... Éramos una pandilla de impresentables... ¡Pero yo era demasiado joven! Aún tenía que vivir la vida, disfrutar, sacar todo el jugo a esto de la vida, y por eso no estaba dispuesto a que me mataran simplemente por decir que había cosas que no me gustaban de los de “arriba”... Sí, ahora que lo miro desde esta edad, reconozco que fui un cobarde, amaba más mi vida que mis ideales...

Después de los servicios religiosos y los sacrificios en el Templo, el día lo pasamos en casa de Fenicia. Meblas y Giverny nos prepararon una comida espléndida... María no comió... No salió en todo el día de su habitación... De vez en cuando Fenicia se acercaba pero siempre la encontraba igual, enroscada en sí misma sobre el suelo, moviendo sus labios... La aconsejaba que se tumbara en la cama, pero su alma no estaba allí, “es como si estuviera en otro mundo” nos decía Fenicia.

Comimos y el día fue transcurriendo tranquilo pero con miedo por si nos llamaban el Sanedrín a testificar nosotros... Meblas y yo nos mirábamos con temor cada vez que llamaban a la puerta...

Por la tarde Meblas rompió el silencio sepulcral y, aprovechando la ausencia de María, para no hacerla sufrir más, comenzó a recordar situaciones tenidas con Jesús. Verdaderamente Meblas estaba enamorada de él... Sin embargo yo no sabía expresar este amor. Es cierto que me sentía querido por él, me sentía seguro a su lado, tenía algo que no sé qué decir, que me empujaba a escucharlo, a tocarlo, a caminar a su lado... Pero no, lo de Meblas era algo especial... ella lo amaba; ella sí sería capaz de dar la vida por él y de enfrentarse a quien fuera necesario por defenderlo. Pero Meblas tenía un problema para los de “arriba” de aquel tiempo, Meblas era mujer y ella lo sabía y eso la limitaba mucho a la hora de decir lo que pensaba, de ponerse delante de los de “arriba”....

“¿Te acuerda, Juan, cuando aquella tarde, en el monte nos habló de ser felices?”... “¿Recuerdas cuando nos llamaron para ir a Betania y ver a nuestros amigos Marta, María y Lázaro?” y tantos ¿Recuerdas....? ¿Recuerdas cuando anoche, durante la cena, nos llamó amigos?... y entonces todos terminábamos llorando bajito para que María no nos oyera...

Yo recordé aquella tarde, junto al lago... Estábamos mi hermano y yo con mi padre. Él pronunció mi nombre y dejé todo... cuando seguía detrás del Maestro, miré hacia atrás y vi a mi padre triste...¿quién seguirá con su trabajo? tendré que buscar a mi hermano y volver, pedirle perdón por haberlo dejarlo solo y haberme embarcado en otras tareas e ilusiones falsas y que nos han hecho tanto sufrir...
María seguía orando... y esperaba, como siempre supo esperar, a que amaneciera el nuevo día...

Santa María, de la Esperanza

mantén el ritmo de nuestra espera.

Nos diste al esperado de los tiempos,

mil veces prometido en los profetas.

Y nosotros de nuevo deseamos

que vuelva a repetirnos sus promesas.

Brillaste como aurora del gran día,

plantaba Dios su tienda en nuestro suelo.

Y nosotros soñamos con su vuelta,

queremos la llegada de su reino.

Viviste con la cruz de la esperanza

tensando en el amor la larga espera.

Y nosotros buscamos con los hombres

el nuevo amanecer de nuestra tierra.

Esperaste cuando todos vacilaban

el triunfo de Jesús sobre la muerte,

nosotros esperamos que su vida,

anime nuestro mundo para siempre.

10 comentarios

meblas

22 mar 2008 | 01:33 PM

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Pero María se enteraba de todo, había llegado a un punto de serenidad, como si el convencimiento de algo que desconocíamos la hubiera llenado y nos miraba..., con la misma mirada que vi en los ojos de Jesús aquella noche en que cenamos todos juntos, miraba a través, más allá de los objetos y las cosas, estaba imbuída de una idea, había desaparecido su inquietud, incluso yo diría que su dolor. Hoy se ha levantado la primera, sin haber dormido, porque no lo ha hecho, pero sí que estaba recostada. Se ha lavado la cara y las manos, se ha enjuagado la boca y se ha cambiado de ropas, estaba pálida pero luminosa, estaba muy hermosa y se ha quedado con la cabeza descubierta, ha abierto las ventanas y ha estado limpiando la lumbre, me apartaba las manos cuando intentaba ayudarla, quería hacerlo ella.
Callada, asombrosamente bella, luminosa..., qué estará pensando, me pregunto... ojalá me lo contara para poder sentirme como ella.
Tarecus seguía con su inocencia restableciendo la bondad en todos, parecía el hombre de la casa, le preparó unas hierbas a María, nunca había visto a un hombre acercarse a la lumbre para cocinar, me asombró que supiera. La tarea aunque sencilla requería conocer y él sabía, la cantidad precisa, el perolillo, traer el agua fresca, dónde estaba la miel y el tiempo de espera para lograr una buena tisana, los demás mirábamos y vimos que, al final , era para María y ella se lo tomó.
Pareciera que la vida iba a continuar... pero, ¿cómo iba a poder arrancar ese fiero dolor que me impedía hasta llorar?...

www-lacoctelera-com-inaki

22 mar 2008 | 04:23 PM

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Uff, me ha encantado, Tarecus. me has cogido en momento de calma, (estoy trabajando estos días), y me has llegado al corazoncito. Un abrazo, amigo.

fenicia

22 mar 2008 | 04:56 PM

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Esa mirada de Maria Meblas,si,esa mirada,yo tambien la noté y tuve las sensaciones que tú y no le pregunté,me mordia la lengua,aunque la curiosidad me comia...¿Que habia pasado para ese cambio tan acusado?¿que ocurrió para pasar del dólor mas desgarrador a la calma absoluta?¿Que era eso misterioso, que tan derrumbada y abatida la levantaba y movia?...
Si,parecia que la vida iba a continuar,que saldria de nuevo el sol en su corazón,que algo muy especial iba a ocurrir y ella lo sabia...lo sabia y callaba.Y ahora,esa que se retorcia de dólor y no eramos capaces de consolar nos transmitia paz a nosotros,serenaba nuestra pena,sin decirnos nada,que no hacian falta palabras....

Maga

22 mar 2008 | 04:57 PM

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Observo los acontecimientos incapaz de pensar nada más. Me he quedado como suspensa en el tiempo. Hecha nudo en un rincón.

teodoro-gallo

22 mar 2008 | 05:39 PM

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Y yo joven aun no entendía...sabía que mi padre había ayudado a aquel hombre y me sentía fuerte para seguirlo por todos lados...tenía el convencimiento de que se iba a cumplir lo que Josuá dijo: "Y al tercer día resucitaré"...solo los locos, los borrachos y los niños podemos oir las verdades y repetirlas sin temor...me daba igual quien me oyera...yo no era nadie...pero la rabia me consumía y preparé mi onda y unos buenos guijarros que también recogí junto a la tumba de él....bien pelados y bien pulidos...llegado el caso los pondría sobre el trozo de cuero y blandiría en el aire mi onda y desnucaría a cualquier soldado....antes de permitir que entraran en casa del discípulo amado....aquellos días me marcaron definitivamente....yo seguiría a Jesús por los siglos y los siglos...porque quien cree en él no muere...por eso me fui pasando de generaciñon en generación, como yo mismo...defendiendo la utopía de Jesús....defendiendo a los que él me dijo siempre...a esos desafortunados...pero mucho mas ricos que yo....aún tengo que olvidar mi soberbia.....aun debo

Tarecus

22 mar 2008 | 06:14 PM

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el niño, al que en la escuela rabínica le llamaban "El Gallo" porque era un chinchón entre los compañeros, será esencial es la escena. El ya lleva en sus manos una incipiente flor blanca sin abrir del todo... Los niños saben captar muchas cosas más que los que somos mayores...

meblas

22 mar 2008 | 06:34 PM

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El Gallico hablaba solo pero llevaba algo grabado dentro y con tozudez lo iba dejando salir, cuando le vimos escogiendo guijarros en el patio y por el campo , cuando le vimos con la onda me acordé, yo había sido buena tiradora de niña, mi padre me enseñó a proteger las cabras a golpe de onda, así las agrupaba y recordé el sonido silbante del cuero dando vueltas y el golpe seco al soltarla. El Gallo salió a la tapia y le oíamos decir ."David contra Goliat, y le pudo...", en la casa seguía el silencio.

fenicia

22 mar 2008 | 07:00 PM

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Seguia el silencio,esperabamos algo y debia ser importante,tanto...

Tarecus

22 mar 2008 | 07:55 PM

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hay que seguuir esperando... A eso nos enseña la Madre... Esperar, esperar...

fenicia

22 mar 2008 | 11:22 PM

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...y esperando estamos Tarecus,junto a la Madre,junto a Maria.

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Hola, me presento; trabajo en una Comunidad Cristiana a la que aprecio y en un Centro Educativo con el que me identifico y al que quiero; soy sacerdote y lo llevo con mucha honra... Desde este Blog quiero compartir contigo las inquietudes personales y sobre todo las ilusiones que dan sentido en esta vida CONTADOR
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