NOCHE OSCURA Y CON MIEDO
La noche, aunque brilla la luna, está oscura... Hemos venido entre olivos a este huerto que Jesús conoce; suele venir con frecuencia a Orar a su Padre, eso dice Él. Estábamos los once, María, y las otras mujeres, entre ellas mi amiga Meblac, se han quedado en la casa. Me hubiese gustado que también ellas hubiesen estado aquí... me siento más tranquilo con ellas.
Es cierto... tengo mucho sueño... Estos días han estado llenos de novedades, y el camino desde Galilea ha sido largo, muy largo...
Jesús me invitó, junto a mi hermano Santiago y Pedro a estar junto a Él. Los otros se quedaron más lejos, creo que sus párpados no soportaban más el cansancio. El Maestro se apartó unos pasos más y entre unos olivos se sentó sobre la hierba ... Yo, como siempre he sido muy curioso, me fijé en Él... estaba extraño esa noche, no sé qué le ocurría... estaba sudando, la luna se reflejaba en sus ojos húmedos y los veía brillar en la oscuridad entre los olivos más que nunca...
Se acercó e intenté cerrar los ojos y hacer que dormía... me daba palo ver a los demás y que Él creyera que lo estaba vigilando... Y ¡cómo se puso!... Él quería que no nos durmiéramos... Se apartó otra vez junto a los olivos, más lejos, ellos serían los verdaderos testigos de la angustia de mi querido Maestro. Quise resistir, os lo prometo, pero ahora sí que me podía más el sueño y quedé dormido, profundamente dormido...
Sólo el ruido de espadas, pisadas ligeras y la claridad de unas antorchas hicieron despertarme... Y allí ví a nuestro compañero Judas acompañado por gente de uniforme que llevaban palos y espadas... Y ví cómo se acercaba a Jesús y le daba un beso en su mejilla sin mirarle a los ojos...
Sinceramente no entendí nada... No sé cómo, Pedro se levantó y cogió una espada que llevaba un centurión y como siempre, el bruto de él, se lió a espadazos hiriendo a uno de ellos...
¿Y los otros discípulos del Maestro? ¿dónde están mis amigos y amigos del Maestro? Ya no están, han huido los cobardes de ellos... Ataron fuertemente a Jesús y entre voces y gritos, entre tirones e insultos se llevaron al Maestro... Todos huyeron... y Pedro, sin darme cuenta le perdí de vista... Yo, me sentí solo y con miedo y también huí... Eché a correr. Me sentía perdido entre los olivos y miraba de vez en cuando hacia atrás por si me seguían. Tenía que avisar a María, su madre.
En casa aún estaban recogiendo la mesa, allí estaba María, María Magdalena, Meblac y más mujeres.
Yo no podía hablar... mis labios temblaban, me senté y María, con los ojos llenos de lágrimas parecía que ya lo había intuido todo... Mi amiga Meblac me intentó calmar dándome un vaso fresco de agua y entonces pude narrar todo lo que había sucedido en el huerto.
Ellas se abrigaron cubriéndose la cabeza, y sin perder más tiempo salimos con dirección a la casa del sumo sacerdote Caifás.... Esta noche iba a ser larga, muy larga y agotadora...
Aún te quedaba en los labios el sabor de la copa.
Y aún sentías el olor a pan fresco.
Aún llevaban tus oídos el ruido del portazo
que Judas, el traidor, dio con rabia y despecho.
Aún sonaban los salmos junto a la mesa sin recoger
y la última vela poco a poco se consumía en su fuego.
Era la noche. La noche del pan partido y la copa pasada
de mano en mano, de boca en boca, en signo de un recuerdo.
Era la noche de la traición. Era la noche, tu noche obscura,
sin luna, sin estrellas. Noche en tu huerto.
Era la noche de sentirse solo en soledad y angustia.
Solo ante Dios y el hombre como si fuera un reto.
Era la noche larga como un túnel sin salida.
Era la noche de tu negra noche de abandono y tristeza.
Era la noche de quedarse lejos, sin los tuyos,
orando al Padre, sin perder de vista a ellos.
Era la noche, Señor, donde tu rostro humano sintió la frialdad del suelo.
Señor Jesús, quiero hacer silencio ante tu llanto y grito.
Quiero hacer silencio ante el cansancio de tu silencio.
Quiero acercarme a ti y palpar tu cuerpo dolorido.
Quiero ponerme a tu lado y hacer oración en tu misterio.
Quiero decir contigo: Si es posible Padre, si es posible,
que pase este trago, que sabe a hiel y es duro y seco.
Quiero decir contigo: Padre, que se haga tu voluntad,
y no la mía. Porque tú eres, Padre, primero.
Señor, Jesús, enséñame a orar la vida, orar la sangre,
orar la crisis, orar en la tentación, orar que es riesgo
querer beber el cáliz amargo, cuando uno solo,
sin fuerzas, sin luz, sin nadie, en noche, quiere beberlo.
Señor Jesús, Señor de la noche eterna y salvadora,
Señor obediente hasta la muerte, con amor sincero,
Tú que eres Señor del alba, Señor de la mañana,
danos tu luz cuando la noche nos vuelve ciegos.










fenicia dijo
Si Tarecus,esta noche es larga,muy larga y muy oscura para los cristianos,entre los que me atrevo a incluirme(es mas justo y menos engreido decir que se intenta ser cristiano que sentir uno que lo es y asi presentarse)pero se vislumbra la luz,la que simboliza la Resurrección.
Antes de irme un rato a orar junto al monumento te doy un abrazo.
Feni.
21 Marzo 2008 | 01:00 AM