A la luz del texto Lucas, 15, 1-10...
Muchos habremos visto alguna vez una pista de bolos... este juego muy extendido ha sido imitado en un programa televisivo que consiste en coger una gran bola y tirarla hacia unos bolos vivientes, para chocar con ellos y arrojarlos al suelo.
El jugados, con los ojos vendados y dirigidos por alguien, coge la bola y con fuerza la dispara hacia donde cree que existen los bolos. Los bolos juegan con ventajas, pues en este juego pueden moverse o agacharse ante el impacto de la gran bola. El bolo viviente se puede dejar encontrar por la bola o separarse de la dirección de la misma.
Y os preguntaréis porqué os digo todo esto... muy sencillo.
La Palabra de hoy, que recoge dos parábolas dichas por Jesús a los de su tiempo, nos está hablando de algo tan normal como nuestra propia historia ante el encuentro con Dios que quiere encontrarse de lleno con cada uno de nosotros.
Jesús dio a sus paisanos la oportunidad de encontrarse con Dios que es Padre, que es misericordia, pero muchos dejaron pasar la oportunidad o se cubrían ante la posibilidad de encontrarse con él... otros sin embargo se dejaron tocar por su mano y se dio el jubiloso encuentro con un Dios que es amor.
Dicen los entendidos que en nuestra sociedad Dios no es tan importante a la hora de afrontar la propia vida y la propia existencia. Posiblemente sea cierto... pero si se da esto no es porque Dios no intente encontrarse con nosotros, sino que nosotros no nos queremos encontrar con Él, y así, hacemos mil malabares para que su mano amorosa no nos toque por lo que eso supone.
Dios siempre sale al encuentro de cada uno de nosotros. Cada uno tenemos nuestras propias historias de encuentro con Dios. Y quien no las ha tenido es por que o no se a puesto a tiro, o quizá le falte ese sentido de la sensibilidad que le diga que se ha encontrado con el misterio que te hace cambiar.
Por que en el fondo, a quién no le ha ocurrido alguna vez cruzarse con alguien y no recordar su rostro cuando se vuelve a encontrar con él. Y así es Dios. Seguro que Dios por amor ha querido encontrarse con cada uno de nosotros, y nosotros, o por que no nos hemos querido encontrar con Dios, o no hemos puesto la atención necesaria, o porque no estamos preparados o educados para tratar con el misterio que significa sensibilidad y finura en el encuentro, no nos hemos dado cuanta que un día Dios estuvo delante de nosotros.
Dejarse encontrar, ponerse a tiro como dirían algunos, en eso consiste hacer en el trato con Dios. Pero eso exige también de nosotros el haber sido educados en el lenguaje complicado de Dios.
Y como en el juego al que aludía al inicio de esta reflexión, el jugador que lanza la bola y acierta en su tiro, sin duda, cuando Dios acierta en el encuentro o alguien ha entendido el modo de comunicación, Dios, que nos quiere inmensamente se alegra por ello.
Hoy el cristiano no le es suficiente decir creer en Dios, es necesario que experimente lo que esos bolos viven al impactarse con la gran bola... Nosotros no nos podemos conformar con decir que creemos en Dios, es urgente para cada uno de nosotros experimentar y ser conscientes del encuentro con Dios... así Dios se alegrará por el hecho de habemos encontrado y nosotros gozaremos por haber sido encontrados por Dios.
Ponerse a tiro... en eso consiste. Y bien sabemos noso
tros dónde ponerse para encontrarse con Dios.
Dios está en todos los sitios, es cierto, pero como digo a los jóvenes, a Dios se le descubre mejor y con más claridad en algunos sitios. Hay que saber buscar esos lugares y esos momentos que faciliten el encuentro con Dios que sale a buscarnos porque nos quiere.
servido por tarecus
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