QUIERO UNA IGLESIA... QUE INFUNDA ILUSIONES Y ESPERANZAS
El Concilio Vaticano II decía que "El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de los afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discículos de Cristo y no hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón..." (G.S., 1). La Iglesia, es decir, nosotros, estamos perdiendo grandes oportunidades de encuentro con el mundo y lasociedad de nuestro tiempo. Es verdad que la voz de la Iglesiareflejada en la voz de nuestros pastores ya no es escuchada porque siempre que vemos a una persona de Iglesia (esos de negro con una tirilla blanca en el cuello), cambiamos de canal de televisión porque en el fondo ya sabemos lo que va a decir... "no estamos de acuerdo con...." y si estamos de acuerdo es por que debajo de este acuerdo hay algo a cambio. No creo que seamos testimonio del amor... y digo que no creo que lo seamos porque aquí también me incluyo yo mismo. Hoy la Iglesia no es una casa de acogida para todos (y lo digo con mucho dolor)... No sabemos transmitir al Dios de Jesús con esa viveza y fuerza que Jesús mismo supo anunciar. No somos capaces de apostar por el Evangelio de la Vida y de la Esperanza porque nos miramos más a nosotros y no queremos arriesgar parte de nuestros prestigios, a nivel institucional ni a nivel personal.... Y por otra parte, mientras desde las más altas instancias no comiencen a descubrir la importancia de lo sencillo y de la humildad, la importancia de los sentimientos positivos y de las palabras de Esperanza, es muy difícil adentrarnos en los entresijos complicados y retorcidos de un mundo que necesaita algo más de Dios, de su presencia en medio de la vida, de su voz, de palabras de esperanza en un mundo donde parace que todos tenemos hambre. El corazón de la Iglesia, sus intenciones más profundas, los que dan la imagen de la Iglesia institucional posiblemente tuvieran que cambiar esquemas, modos de exponer la gran noticia, de anunciar y dar una imagen de Iglesia más abierta, más fraterna, más casa de acogida, más como lugar de encuentro desde la fe, más samaritana... Sí hemos de dar un vuelco al corazón de cada uno, comenzando por los que tenemos responsabilidades.... Eso no significa que seamos seres extraños y astractos metidos a la fuerza en un mundo complicado como es el nuestro. Hemos de ser hombres y mujeres de hoy insertos, encarnados en un mundo de hoy y no en el mundo que nos gustaría que fuera... Y todo esto es cierto que son palabras muy bonitas, pero es complicado llevarlo acabo. Los ministros, que han de ser servidores, deberían ser más pueblo, meterse en la masa, hacerse barro y mancharse de barro las manos sin el temor de mancharse los camisallos que no deberían llevar, y en la masa ser fermento de ilusión desde la fe, de esperanza. Y todos los cristianos (TODOS somos todos), deberíamos de ser más conscientes de la importancia de nuestra fe en la vida. TODOS los seguidores de Jesús tendríamos que ir con la cabeza bien alta sin miedos y son grandes extravagancias (hay muchas en la vida del laicado en la Iglesia). Somos demasiado serios (o por lo menos esa es la imegen que dan nuestros representantes -según me dicen los jóvenes y no tan jóvenes con los que trabajo) hemos de aunciar la alegría de ser seguidores de Jesús y ser "normalitos", por favor, normalitos en este mundo y no querer sobresalir y seguir queriendo que se arrodeillen todos ante nosotros besándonos las manos y hasta en algunos casos los pies.... A veces nos creemos más que el mismo Jesús...









teodoro-gallo dijo
MAGNIFICO!!!!!, PARECE CALCADO DE UN TAL "GALLO" KIKIRIQUÍIIIIII
1 Julio 2007 | 04:33 PM