"SER LA CHISPA DE LA VIDA"
Esta mañana, cuando estaba preparando la catequesis para los padres de los niños que se van a bautizar el próximo sábado, en el momento de tener que explicar los símbolos, sabemos que hay uno que nos puede recordar lo que ahora estamos celebrando:
La luz es un símbolo que ha sido acogido por muchas culturas para hablarnos de cosas importantes. Así, hoy celebrábamos la noche más corta; en el fondo estamos hablando de la luz y de la oscuridad, la victoria de la Luz del día por encima de la oscuridad de la noche. En muchos lugares sigue existiendo la tradición de las hogueras de San Juan. Encendemos llamas, iluminamos la noche... La palabra de Dios, en su primera lectura también nos habla de luz: luz de las naciones. Y el evangelio no olvida también este símbolo de la claridad en medio del mundo.
A los padres esta mañana les hablaba de la luz como símbolo de la fe. Luz que hay que cuidar con esmero. La luz puede ser tan brava y fiera que hastaresulte difícil apagarla y de eso tenemos muchas experiencia en España, como puede ser tan débil que basta el soplo de un niño para que se extinga para siempre.
La noche y el día, la luz y las sombras son reflejo de nuestras propias vidas. Caminar a la luz del Señor o caminar entre tinieblas que nos abracen con el miedo y el temor de perdernos en el camino.
La luz que en el bautismo recibieron nuestros padres, símbolo de la fe que se ha de ir acrecentando es lo que nos recuerda hoy esta fiesta de San Juan, el que va por delante del Mesías. Y en el fondo se nos está hablando del compromiso que todos tenemos por el simple hecho de haber recibido el agua del bautismo... somos, desde la fe recibida, luz en medio de la oscuridad de este mundo.
Por eso, al celebrar la natividad de San Juan, que por cierto es el único santo del que se celebra su nacimiento humano, estamos en el fondo celebrando la lucha entre las tinieblas del mundo y la luz de Dios. Entre el pecado y la gracia, entre el amor y el egoísmo.
En la experiencia de Juan vemos que quien sale venciendo es la luz de Cristo, la fe en Cristo. Esa luz a la que hacíamos referencia anteriormente de la vela entregada en nuestro bautismo y encendida del Cirio de
“Recibid la luz de Cristo” decimos en el bautismo. Y esa luz la recibieron nuestros padres en el caso de que fuéramos aún pequeños, y de esa luz hemos de dar cuenta ante los que nos comprometimos en la ardua tarea de hacerla acrecentar.
Y es que en el fondo somos eso, luz. El cristiano es luz en medio de este mundo. Tiene que saber iluminar en medio de las dudas. El cristiano tiene que saber, con muy buen arte, saber iluminar con la claridad de la fe, con la llama de la esperanza y con el fuego del amor, los acontecimientos de esta vida.
No estamos llamados a ser tinieblas, y a veces da la impresión que lo somos, en la medida que no sabemos dar esperanza al mundo y nos fijamos más en lo negativo de esta vida olvidando la grandiosidad de nuestra fe.
Dejamos de ser luz cuando nos dejamos llevar por los desánimos de las tinieblas y nuestra vida se aferra más a lo que no funciona en nuestra sociedad, y nuestras conversaciones muchas veces giran en torno a esta negatividad del mundo y de las cosas.
No es extraño escuchar a cristianos y cristianas, hasta los mismos pastores, que deberían ser luz en el mundo, quejarse constantemente de cosas de la sociedad, de la política, de su trabajo, de su vida, de su salud, en su familia, en su matrimonio... y tantas cosas... sin embargo no sabe descubrir esa chispa de luz que en todos los lugares existen. Es cierto que hemos de ser luz, no oscuridad en el mundo, aunque muchas veces nos dejamos llevar por las oscuridades. Sin duda hay muchas chispas de fe, de esperanza y de amor sembradas por el mundo.
¡Cuántas veces habremos dicho esta expresión! Ser luz significa que aunque haya cosas que no vayan bien, tenemos la confianza en Dios y nuestras esperanzas no mueren porque Dios nos hace luz de la naciones.
Que al celebrar esta fiesta de









teodoro-gallo dijo
Si amigo mio, el cristiano debe ser la sal y la luz, porque de otra forma no podemos caminar...pero permíteme decirte que a veces esa sal y esa luz se vuelve sosa y apagada....verás es cuando alguien se esfuerza en llevar la Palabra de Cristo, resonando por las azoteas y por loos balcones, por las calles y las plazas y desde la misma Institución se le combate de tal forma que dejan a la sal en el suelo y la luz apagada. Y esto ocurre la mayoría de las veces y lo que es peor con la coletilla: fuera de la parroquia no vale nada, que es como copiar: Fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.
Se de personas muy válidas que durante un tiempo atraían a muchos matrimonios, jóvenes y niños a las comunidades parroquiales, sin ser sacerdotes y cuando el párroco de turno ha creído que se le desplazaba ha sido el primero en criticar, en denostar a la persona, en desautorizarlo y echar veneno en sus palabras....así nos va...por eso es una utopía...
No quiero con mis palabras quitar la luz a tu escrito, que es precioso y muy lleno de ideales poéticos...pero aterriza amigo mío...aterriza...que verás las cosas de otro modo...¡lastima de mi Iglesia!
25 Junio 2007 | 06:11 AM