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He realizado dos veces el camino de Santiago... cuando reparábamos este camino estábamos todos llenos de dudas, de interrogantes... no sabíamos muy bien cómo iba a resultar el camino, el final... pero aun así, nos lanzamos.... contábamos con que no estábamos solos... que el camino lo iniciábamos un grupo y esperábamos terminar todos. Aunque luego no fue así... no todos llegamos al final. Algunos tuvieron que volver a casa por problemas... y es que el camino no era fácil... contábamos con ello, pero a pesar de eso, emprendimos la experiencia....
Y un largo camino y una experiencia emprendimos también nosotros el miércoles de ceniza, hace casi cuarenta días... Al comenzar este tiempo cuaresmal nos pusimos unos medios y unos objetivos. Y uno de ellos era llegar a lo que estamos celebrando hoy: el encuentro con Jesús Resucitado; el encuentro con la resurrección. Y es que no puedo haber resurrección si antes no ha habido esfuerzo, trabajo, momento de entrega....
Hay gente en esta viva que quiere premio sin comprar papeletas... quiere recompensa sin hacer esfuerzos... y en la vida de fe ocurre lo mismo. Y descubrimos que solo hay resurrección cuando hay camino de esfuerzo, de entrega, de amor por el otro, de muerte y de cruz.
Cuando, después de haber caminado durante largos días, subimos al monte del Gozo de Santiago de Compostela, vislumbrábamos desde ese altozano las agujas de la catedral compostelana y decíamos entre lágrimas de alegría que había merecido la pena. Entrar en la ciudad de Santiago cantando y bailando, gritando que habíamos llegado, era todo un número.
¡Cristo ha resucitado! Y eso celebrábamos anoche en toda
Cristo ha resucitado. Y nosotros podemos resucitar todos los días si somos capaces de renovar en nuestra vida todo aquello que consideramos antiguo y viejo que nos impide encontrarnos con Cristo y con los hermanos.
No hay resurrección si no hay constancia en la vida, si no existe esfuerzo diario, si no nos proponemos unas metas que nos haga capaces de transformarnos nosotros mismos y transformar este mundo en un mundo más fraterno.
Resucitar resucita quien muere a algo. Llegar al éxito de la vida para siempre llega quien ha hecho el camino de la purificación. Resucita quien ha sido fiel a lo prometido como lo fue Jesús de Nazaret. Él fue fiel, plenamente fiel al Padre y quien es fiel a Dios que es Padre, según lo revelado por Jesús, entonces tendrá vida y no una vida cualquiera, sino la vida de Dios que se transforma en generosidad, en sal del mundo, en luz para la tierra.
Somos desde anoche, los cristianos, luz y sal. Presencia vida del Resucitado y ser fiel al Resucitado en sembrar semillas de vida y de esperanza a nuestro alrededor. No podemos entender a partir de ahora al cristiano triste ni desesperanzado, sino hombre y mujer que pone su esperanza en el Dios de
El cristiano, desde
Cinco domingos de cuaresma hemos venido dando pautas para vivir este día importante. Cinco domingos que culminan con la celebración de













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