Hace unos meses se acercó al despacho una pareja como tantas parejas se acercan para solicitar el sacramento del bautismo. Una vez entregada la solicitud a los padres dela niña para que manifestaran por escrito y firmado este deseo, hablamos sobre lo que supone acercar a un hijo a este sacramento. El padre era católico, la madre era de otra confesión cristiana, no estaba muy de acuerdo con bautizar a la niña tan pronto, el padre tenía deseos de hacerlo. Él no era muy practicante, la madre más o menos... Después vinieron los consejos sobre este bautismo, a pesar de las dificultades que yo encontraba en ello, los dos decidieron bautizar a la niña, para que asistiendo a las dos confesiones, eligiera de mayor.
Hoy me he encontrado, haciendo la compra a la mamá... ¿qué tal estás? fue la pregunta que hice sin pensar, por supuesto en la niña... la respuesta no fue muy alegre... "ahí estamos, con dificultades..." ¿eso...? "porque estoy llevando a la niña a mi iglesia, y la suegra no le parece bien... pero es que ni el padre ni la madre son capaces de llevarla a su iglesia porque no son practicantes".... tras esta respuesta, comenzamos la conversación... y de vuelta a casa iba pensando lo desastrosos que somos a veces los católicos, millones y millones y la gran mayoría con una ignorancia digna de delito o "pecado" como entre nosotros solemos decir.
No queremos que se manifieste el amor a Dios en otra confesión cristiana distinta a la nuestra, pero tampoco los padres católicos se comprometen a hacer el camino de la fe con sus hijos en su comunidad cristiana.
Me hace pensar y me da mucha pena... como decía este mamá... "ni comen, ni dejan comer"... y es cierto, los católicos no somos practicantes, pero tampoco nos gusta, -me da la impresión-, de que los que se lo quieren tomar en serio su fe, sea practicante...
Existe una ignorancia y una dejadez en nuestra Iglesia que todo nos da lo mismo por parte de los "fieles comunes"... Es como aquel fiel y devoto de la virgen de su pueblo que no permitía a nadie hacer ningún mal comentario sobre su santuario o imagen, pero no pisaba la iglesia nunca y cada dos por tres bajaba de los altares a los santos, del cielo a Dios y a la Virgen de donde estuviera... añandiendo que esa virgen de la cual él recordaba en los momentos de enfano, no era la de su pueblo sino otra...
Así somos los católicos de a pie... que "no comemos nosotros ni dejamos comer a los demás"
creación de Dios y también la obra maravillosa del hombres en sus muchas manifestaciones del arte: arquitectura, escultura, pintura, cante, gastronomía, baile, tradiciones.... Son, estos días, momentos para admirarnos por la bellezas que se van a cruzar con nosotros y entonces, a partir de ahora, formarán parte de nuestra historia personal.
No puedo por menos de ponerme a escribir a estas horas de la noche para expresar mis sentimientos... eso que fluyen a la hora de ver un documental que me ha emocionado y que me ha hecho pensar, como tantos otros, sobre el sentido de la vida, de cada acontecimiento, sobre el trance necesario de la muerte y el modo de asumirla.
Hace unos días tuvimos una reunión de profesores... y desde el Equipo al que pertenezco acordamos entregar una tarjetita con un mensaje... cada uno cogía una y escribía un buen deseo a un amigo.... Cuando ya estaba escrito, la dejamos en una bandeja y posteriormente cada uno cogíamos de nuevo una terjeta con un buen deseo. Leímos el texto de la tarjeta y el buen deseo.. Lo comentamos y decíamos que muchos había dado en el clavo del asunto... efectivamente .... ¡zas...! me cayó la que me tenía que caer... a parte del mensajito del compañero que se agradece... Un texto me venía que si anillo al dedo... decía:
para vivir"
El calor arrecia estos días en prácticamente toda España. Hemos ido viviendo de un modo u otro los acontecimientos de nuestra historia y mañana, después de haber celebrado las fiestas de la ascensión, pentecostés y la trinidad, vamos a celebrar la fiesta del corpus... Una fiesta muy enraizada en el sentir del pueblo cristiano de nuestras tierras. Es la fiesta de la "quedada" de Jesús entre nosotros, quedada donde no hay botellón ni borracheras, sino, sí que es una quedada donde se puede encontrar sentido. Si aquella noche en la que Jesús tomó el pan entre sus manos y prometió quedarse para siempre en medio de 
El domingo pasado celebrábamos la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu, y con ella dimos por finalizado el tiempo Pascual. El domingo que viene celebraremos el Corpus Christi recordando al Hijo de Dios que se queda con nosotros, y hoy, de forma muy singular, celebramos la Trinidad, y así celebramos al Padre, en unidad del Espíritu que celebramos el domingo pasado y en unidad al Hijo que celebraremos el domingo que viene.
padre preparaba unas chuletillas de cordero, a éstas las venía muy bien las ascuas... Eran muy malas las llamas, era pésimo el fuego directo, pues quemaba las sabrosas chuletas, pero tampoco había que olvidar demasiado el fuego haciendo otras cosas o hablando, pues las ascuas se podían apagar y las ricas chuletillas no se hacían. Eso me sirvió para descubrir que el Espíritu de Dios es como las ascuas, que parece que no hacen nada, pero ahí está, calentando.... calentando.... sin quemar. Hay gente que le gustaría que el fuego estuviera a toda mecha para que lleguáramos todos a una pronta conversión fulminante... hasta a aquellos que ya consideran "perdidos". Pero no, el Espíritu de Dios no actúa así... para él, uno de sus minutos es una eternidad nuestra. Sí, es cierto, el Espíritu sigue presente en la Iglesia, pero hay que dejarle actuar y darle su tiempo... y cuando parece que se vaya a apagar (que nos olvidamos con frecuencia de ello pues nos preocupa otras cosas -también importantes- pero secundarias), hay que soplar, soplar y soplar.... (la oración, la calma, el sosiego, la esperanza, qué buenos soplos de espíritu que son...) Las ascuas están bien cuando están a su justa fuerza... si son débiles no calientan, si son fuertes pueden llegar a quemarnos.... Y así es en lo religioso... Hay gente de Iglesia que sus oraciones están llenas, repletas, de invocaciones a Dios para que envíe ascuas y azufre sobre sus "enemigos", otros quizá han perdido las esperanzas y ya no son capaces ni siquiera de seguir alimentando las "ascuas del Espíritu" y quizá ni de pedir por ello... Sin embargo hay otros que siguen pendientes de ellas para que continúen calentando a la Iglesia, sin quemarla, a Ella ni a quienes se acerquen o no a Ella.








